Empujando el carrito por los barrios que Ella piensa son de la clase alta, y los de la clase tal piensan que no lo es, si no que hay otra más alta aún... el caso es que en los contenedores de basura de estos hay objetos que no son basura, que sirven para algo, aunque en principio no sabemos para qué; de modo que cada mañana, cada día, tras día, recorre los barrios empujando su carrito, ese robado del supermercado, de los que se atrancan un poco si el suelo no es liso.
Los objetos que recoje pueden ser transformados en otros tales, cambiándole sencillamente la forma y la propia funcionalidad, de hecho, los mismos aquellos de la clase alta que no es tan alta, acaban por comprarlos de nuevo en su tienda, la de Ella, esos mismos objetos que ya tiraron una vez y que aparentemente eran inservibles; los encuentran en esa tienda que lleva el toque de vanguardia que les gusta a ellos, terminando esos objetos por volver a decorar sus mismos salones, cocinas y cuartos de baño; de modo que sin quererlo vuelven a absorber la esencia del anterior dueño del objeto y así sucesivamente hasta terminar con el círculo... hasta que la destrucción del material inicial es irreductible, entonces, piensa ella, se convierte en basura, de la propia que hay que tirar a los contenedores de basura.
Es Ella, quien se conoce así misma como observadora de la energía de los objetos, Ella los mira profundamente cuando los va sacando de los contenedores, intentando abstraer la historia propia del objeto y la historia propia de las manos que lo tuvieron.
Las historias llenan su vida, vacía desde hace tanto que no recuerda, su memoria va muriendo de forma lenta de atrás hacia adelante, intentando compensar el vacío amnésico con las historias de ellos, de los dueños de los objetos que saca de los contenedores, y que después transforma en otros objetos, sencillamente, con otra funcionalidad, para venderlos en su tienda de vanguardia, esa que le gusta a los de la clase alta que no es tan alta.
Su ropa incluso, la de Ella, era antes de otros, sólo tiene que cogerla, mirarla profundamente entre sus manos, y enseguida logra dilucidar la historia de la prenda y de las manos que la vistieron, de modo que así logra contruirse un pasado suyo propio, como si fuera suyo.
Así su carrito es su vida, Ella transmisora de energías, sus manos transformadoras de objetos, su memoria desarticulada constructora de pasadopresente, todo ello gracias a las vidas de otros, que sin conocerles, acaba conociendo, tiene amigos, primos, parejas de uno y de otro sexo, profesores, médicos, tiene animales, recuerdos de viajes, revistas en las que Ella misma escribía, tiene emociones, centenares, puede tener tanta vida como alguien cualquiera que viva y tenga un pasado, como cualquiera que tomara objetos y los tirara a los contenedores.
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