La letra se quedó dormida

Era esa noche aparentemente familiar donde se reunían las gentes. Iba vestida de negro defensivo y rojo, rojo por darle un poco de apertura emocional a la cosa. Ya había dejado a su familia, les dejó allá en la casa riendo y discutiendo sin ton ni son, pero al menos no había sido nada catastrófico como otras veces, era de agradecer, sólo algún momento en el que optó por silbar una melodía sin armonía para no escuchar las conversaciones que no le interesaban, por ser más de lo mismo entre las peleas de mamá y papá. Había agotado su cupo de gambas para aquel año.
Le apetecía una copa con los amigos pero ellos no estaban por el barrio, cada uno estaba con su historia particular, algunos se habían citado con ella pero al final no, otros se emborracharon en sus casas y se quedaron, otros se cansaron a la hora de salir, otros se quedaron en el pueblo, otros le desesaron una feliz navidad y no salieron y otros directamente dijeron que no, otros no dijeron. Aún así salió en busca de esa copa con charla, pero encontró los bares habituales cerrados y casi ni un alma en la calle, o al menos el número de almas que ella esperaba. Lo más que sacó fué un paquete de fortuna enterito que se encontró por allí tirado y sin abrir, continuó cerrado. Finalmente después de un paseo corto por las calles ya tan conocidas y aburridas volvió a casa, continuando con el deseo de la copa y su chaquetón rojo bien encajado, para que el frío no le pasase ni de refilón.
Entró en su casa, cerró bien con todas las llaves que tenía, la soledad de aquel día aunque no le disturbaba, le generaba cierto paranoidismo sin sentido, pero no lo pensó más, cerró con todo lo que pudo y se desnudó tirando la ropa negra y roja sobre el primer sillón que pilló. Bien empaquetada ahora con ropa fea de casa y sus zapatillas acogedoras se dirijió a la cocina sin mucha expectativa de encontrar algo que se pudiese beber, pero eureka le hizo ver una botella bien grande de cerveza, y sobre todo bien cerrada, nueva, con todo su gas, lo que no era habitual, de modo que se echó una y se fué directa hacia su mesa encendiendo a la vez el ordenador y el radiador de aceite, sus dos amigos en aquellos tiempos tan fríos y solitarios. De momento se hizó un cigarrillo y abrió un nuevo documento de Word sin nombre, pero ya tabulado, con su espacio y medio y su escritura centrada.
No atinaba con la música que le apetecía en aquel momento, decidió poner una carpeta de mezcla para dejar que alguna le entrara; la primera no le entró; pero minutos después con un All of me por Dina Washington parecía que todo iba mejor y se detuvo, mirando la pantalla a ver qué le salía de los dedos. Volvió atrás, revisó lo ya escrito, colocó alguna coma que se le había escapado e intentó continuar con no sabía el qué, mientras que en su carpeta de mezcla de música al azar, Nick Cave le cantó un I´m Your Man a la vez que pensaba que ni se la estaba cantando a ella y además la había robado.
Se detuvo otro rato en la música esperando las letras que no salían... y si no salían pues no salían... un Paris Sunrise, un Cold Cold Ground, y con un Anouar Brahem La Letra Se Quedó Dormida.

Mi compañera de piso ha desaparecido

La otra mañana me dispuse a prepararle el café, como solía hacer cada mañana, a ella le encanta el café con agua de más y sin azúcar.
Aquel día pensé que se habría marchado temprano, extraño, porque a ella nunca le gustó madrugar y jamás asistía a las primeras clases.
El segundo día que no aparecía llamé a su amiga, dijo no haberla visto desde la última cerveza del viernes.
El tercer día pensé en llamar su madre, pero estaba enferma y no quería molestarla.
El cuarto día pensé en escribir un relato con lo que estaba ocurriendo, pero no lo hice, me parecía demasiado morboso dada la preocupación.
El quinto día llegué a plantearme poner un anuncio de “se busca chica desaparecida” en los periódicos de tirada gratuita de la ciudad, incluso llegué a escribirlo.
Al sexto día entré en un proceso de espiral profunda de preocupación, dudando de si lo que estaba sucediendo era que verdaderamente había desaparecido, o se había sencillamente evaporado, fugado, olvidado de mí, secuestrado, o había sido abducida y ya está.
Finalmente pensé si la solución sería contratar un detective que esclareciera los hechos, y así lo hice, pero no funcionó, me enamoré de él, le despidieron por acostarse con una cliente y tuvo que abandonar la investigación.
De todas formas había un detalle en todos estos días que definitivamente me extrañaba y consiguió que pensase que me estaba volviendo loca; su tarrito de perfume para enamorar” como ella lo llamaba, cada día bajaba unas gotas, muy a pesar de que yo cada día lo cerraba, a la mañana siguiente volvía a estar abierto.
Mi espiral fue en aumento, aunque meses después logré superar el duelo por la pérdida de mi compañera, ella nunca apareció.
Así que pasaron los años, cambié de casa y me casé con otro hombre que conocí, bastante apuesto por cierto, y esta mañana después de llevar a mi hija el colegio, cuando me disponía a desayunar mi café habitual con tostada de aceite, y mientras miraba las noticias en la tele del bar, detrás de la reportera vi a mi compañera, era ella, algo envejecida claro está, paseando con nuestro antiguo vecino de la mano, ese chico que nos gustaba a las dos y por el que discutíamos tantas veces mi compañera de piso y yo, en la época de la universidad.

Deme mi flor

Camino mirándome los pies, camino hacia delante con mucho cuidado por el paseo junto al río, y cuando me parece que voy recta y estable, me tropiezo con un trozo de hormigón mal asfaltado y caigo de bruces al suelo, como caían los maniquís de la trastienda de mi padre, cuando jugábamos a los disfraces y a escondernos entre millares de telas y mujeres de cartón.
Me levanto tranquilamente, me sacudo un poco y me subo en el pájaro blanco y gigante que me está esperando unos metros más allá, para llevarme en dirección al otro lado de la ciudad, los conocidos me miran desde abajo y me saludan sonriendo dándome los buenos días.
Atravieso un par de nubes esponjosas que huelen a fresco y comienzo a descender despacio. Me detengo suavemente a las puertas del mercado, así, como el que acostumbra a volar habitualmente. Voy paseando entre los puestecillos y logro localizar desde lejos a mi amante en su lugar de trabajo, vendiendo las flores que él mismo cultiva, son preciosas.
Eres mi descanso amor, eres mi descanso, este año contigo ha sido el más feliz de mi vida. Me encuentro un poco disturbada esta mañana, he venido a buscarte para pedirte que salgamos hoy a cenar y hablemos un poco sobre lo nuestro, no es posible que nos separemos, esta noche incluso no he podido dormir pensando en tu cuerpo, tus manos han estado tocándome toda la noche y cuando ha llegado la mañana, te he echado de menos porque no estabas allí.
Me tiende una flor carmín que agarra del puesto, recitándome uno de los poemas que solemos escribir juntos, hablando de una sensación de eternidad que se vuelve efímera.
Te amo y siempre te amaré, me enternece tanto escucharte... casi pierdo la conciencia y me desmayo de placer ahora mismo. En seguida comienzo a imaginar que estamos juntos en la cama, como cada noche que paso sola, hablemos amor, hablemos.
Me doy la vuelta para saludar a mi hermano gemelo que aparece por allí, me resulta como un choque de realidad, me recuerda que hoy es el cumpleaños de nuestro padre, y que quedemos mañana para preparar el último examen final que tenemos en este curso.
Siento que las manos de mi amante rozan mi cuello acariciándome mientras hablo, pero siento un objeto frío que cruza mi garganta, no siento dolor pero puedo ver cómo un hilo espeso de sangre cae por mi blusa blanca.
Despierto tumbada en una camilla dentro de una ambulancia, con un tremendo dolor de cabeza. Hay una cara seria que me mira fijamente, como de doctor, que me abre un ojo detrás del otro y con una luz que le sale de la mano.
Abuela, señora? se ha tropezado usted en el paseo del río y se ha desmayado, se encuentra bien? Dónde vive usted?.
Deme mi flor.

La llave estaba triste y se marchó de la fiesta

Cómo será que la llave furtiva caminaba sola?.
Subió laboriosamente hacia la boca de tu bolsillo, deslizándose a lo largo del pernil de tu pantalón para dejarse caer al modo tobogán hacia la pista de baile, arriesgándose mucho como podrás imaginar para atravesarla, con un miedo atroz a ser aplastada por un zapato tipo labestia o por un tacón pomposo y elegante pero afilado... y si es que hay que comprender que la llave buscaba otro refugio, tratando de encontrar nuevas emociones en la vida que la sacaran de la pista habitual, ya hastiada quizá, de ser tocada siempre por la misma mano...
Qué le deparará la aventura?.
Si hablas con ella quizá puedas comprender qué es lo que os estaba pasando, y lograr así un final diferente al ya propuesto por cortázar en la línea de su mano.

Esta tarde de otoño conocí a un extraño

Esta tarde de otoño conocí a un extraño, estaba sentado a mi izquierda en el banco de una plaza. Le pido un mechero, me pide un cigarro, y seguimos los dos mirando hacia no se adonde, la tarde era apacible y todavía luminosa. Me pide la hora, me pide un mechero, le pido un cigarro. Comienzo a observarle por el rabillo del ojo, joven, manos escuálidas, pelo oscuro y desgreñado, con una expresión que a penas acaba de salir de la adolescencia, sonríe a menudo.
Suelo llevar el tiempo de forma relativa, igual que la gran parte de las cosas de mi vida, siempre en un más o menos y en un todo vale, así que le digo, pues más o menos las cinco deben ser, calculando en función de que no hará treinta minutos que salí del trabajo, ese lugar asqueroso que me lleva atrapada casi veinte años.
Sin más comienza a hablar sobre un libro que está leyendo en estos días, sobre un personaje extravagante y con cierta desvinculación de la realidad. Yo no le conozco a él ni a su libro tampoco, pero como soy dada a escuchar, comienzo a sentir entusiasmo y curiosidad por la historia, puro morbo, nada más. De pronto ya no puedo diferenciar si la historia que me está contando es sobre su personaje o sobre él mismo, porque empieza a mezclar el "yo "y el "él" de una forma que se van contaminando el uno del otro. Huérfano desde muy pequeño, con alguna tragedia sexual en la infancia. Colecciona calcetines que no utiliza, móviles robados y cds vírgenes que va guardando a modo de tesoro en algún rincón desconocido de su instituto. Le gustan los juegos pornográficos en la red, cortar sujetadores en las tiendas de chicas y sentarse en este mismo lugar entre las cuatro y media y las cinco y media de cada tarde pase lo que pase. Cuando era pequeño pasaba muchas horas en silencio pensando en no se el qué, pero pensando, sobre eso no me cuenta nada, pero el caso es que desde hace un par de meses tiene unas ganas irrefrenables de hablar, hablar mucho, decir, gritar, sacar, expulsar.
Nuestra relación, inicialmente basada en un intercambio de cigarrillos por mecheros, se convierte en una terapia de evacuación, consiguiendo que lo que comenzó siendo un otoño marrón y aún cálido, se convierta en un invierno, frío y cerrado en lo que dura un chasquido de dedos.
La curiosidad mató al gato pensé de repente. Comienza a reír de forma oscura y quebrada, imagino que al ver mi cara en descomposición, y yo me comienzo a estremecer aún más.
Tras una escueta despedida me levanto y me voy con paso firme, tropiezo con el escalón de enfrente y hago como si nada, en dirección segura hacia la consulta de mi psicoanalista, que me espera siempre el mismo día, siempre a la misma hora.