Deme mi flor

Camino mirándome los pies, camino hacia delante con mucho cuidado por el paseo junto al río, y cuando me parece que voy recta y estable, me tropiezo con un trozo de hormigón mal asfaltado y caigo de bruces al suelo, como caían los maniquís de la trastienda de mi padre, cuando jugábamos a los disfraces y a escondernos entre millares de telas y mujeres de cartón.
Me levanto tranquilamente, me sacudo un poco y me subo en el pájaro blanco y gigante que me está esperando unos metros más allá, para llevarme en dirección al otro lado de la ciudad, los conocidos me miran desde abajo y me saludan sonriendo dándome los buenos días.
Atravieso un par de nubes esponjosas que huelen a fresco y comienzo a descender despacio. Me detengo suavemente a las puertas del mercado, así, como el que acostumbra a volar habitualmente. Voy paseando entre los puestecillos y logro localizar desde lejos a mi amante en su lugar de trabajo, vendiendo las flores que él mismo cultiva, son preciosas.
Eres mi descanso amor, eres mi descanso, este año contigo ha sido el más feliz de mi vida. Me encuentro un poco disturbada esta mañana, he venido a buscarte para pedirte que salgamos hoy a cenar y hablemos un poco sobre lo nuestro, no es posible que nos separemos, esta noche incluso no he podido dormir pensando en tu cuerpo, tus manos han estado tocándome toda la noche y cuando ha llegado la mañana, te he echado de menos porque no estabas allí.
Me tiende una flor carmín que agarra del puesto, recitándome uno de los poemas que solemos escribir juntos, hablando de una sensación de eternidad que se vuelve efímera.
Te amo y siempre te amaré, me enternece tanto escucharte... casi pierdo la conciencia y me desmayo de placer ahora mismo. En seguida comienzo a imaginar que estamos juntos en la cama, como cada noche que paso sola, hablemos amor, hablemos.
Me doy la vuelta para saludar a mi hermano gemelo que aparece por allí, me resulta como un choque de realidad, me recuerda que hoy es el cumpleaños de nuestro padre, y que quedemos mañana para preparar el último examen final que tenemos en este curso.
Siento que las manos de mi amante rozan mi cuello acariciándome mientras hablo, pero siento un objeto frío que cruza mi garganta, no siento dolor pero puedo ver cómo un hilo espeso de sangre cae por mi blusa blanca.
Despierto tumbada en una camilla dentro de una ambulancia, con un tremendo dolor de cabeza. Hay una cara seria que me mira fijamente, como de doctor, que me abre un ojo detrás del otro y con una luz que le sale de la mano.
Abuela, señora? se ha tropezado usted en el paseo del río y se ha desmayado, se encuentra bien? Dónde vive usted?.
Deme mi flor.

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