y le dijo: vete de aquí...
y no se fue nunca...

algo más a parte de uno mismo?

El discurso incoherente del pez

Pendiente de un discurso de pensamiento recurrente que va perdiendo línea a línea su forma inicial, girando sobre sí mismo dentro de un recipiente infinito, oscuro e incoherente por sí, donde hay que palpar para poder reconocerse, flotando en una pérdida del yo sin un referente de dirección, sin conocimiento sobre cual es la búsqueda, un dejarse llevar o venir, sin saber donde se está, a la deriva de pensamientos inconexos agarrados a emociones sin control, sin percepción del tiempo ni de la lógica de la razón posible, desconocimiento sobre dónde se encontrará la cuerda de la normalidad que indique una mínima posición estable a la que poder tender, viaje sin orientación ni espera, sin conciencia de existencia, ausencia de ser, en sensación de pérdida de sí mismo, de caída, duda de muerte, desconexión del saber, del ser, del tener, colgando de una angustia retorcida que roza el núcleo esencial de la identidad, que se va deshaciendo en sí misma abajo en su propia profundidad, despersonalización vista desde un otro yo, otro su, un otro ello que no sabe hacia donde extender la mano si es que existe para poder tocar una esquina sólida de la realidad.

Tacón tras Tacón

Camina por la calle más frecuentada de la ciudad, con una bella indiferencia saluda a Botín, un tanto sucio pero familiar, a Sandalias, bien viejas las dos y un tanto desgastadas, una más que otra por cierto, deben estar un poquito cojas... y se detiene con Castellano, engrasado para la ocasión, monísimo Calcetín que lleva.
Los comercios reclaman su atención, cristales limpios de esta misma mañana le muestran cuantos objetos están dispuestos a saltar directos a su Bolso, a sus manos, sobre su cuenta, deseosos de pasar de un dueño a otro para ser tocados, colgados, mirados, olvidados, aburridos, regalados, embasurados, rompidos por Niño o simplemente trasladados a otro hogar por un precio cualquiera, en bolsa agradable y balanceo propio del que traslada... masaje gustoso.
Con cierta compulsión busca un objeto adecuado para llevar, en principio unas Ropas de temporada, algo así favorecedor que resalte su tono de piel, bien cuidada sin faltar, que para algo le cuesta el esfuerzo. Pero siempre podemos variar de tipo de objeto si no se encuentra el primero, podemos pasar a uno de decoración, así algo mono para el baño... coqueto, Cortina de tonos vivos por ejemplo, que ya anda un poquito pasada, o para la habitación, que le falta Detalle, o si no, algún otro coso para Niño, ese que rompe lo que pilla por insatisfacción, o... cómo no, la última esperanza de la tarde puede ser adquirir un objeto de los que se comen, Pastel, que lleva sabor dulzón, a pera, a piña a melocotón, tenemos también Cafeles, o también sólidos salados, o algunos otros de tipo burbuja, de esos que estimulan y hacen chiribitas en los ojos, Refrescos creo que se llaman en el cartel.
En fin... templar a fin de cuentas la ansiedad habitual con la que se encuentra cada día Tacón, que sufre de más insatisfacción que Niño del objeto rompido, al cual enseña una de las formas también habitual, de sobrellevar a Vida, tan agradable ella.

Ansiada alimentación

Sutilmente entró en el bar empujando levemente la puerta, estaba desierto, tenía un cuerpo fresco y deslizante, se contorneaba de forma indiferente y seductora como quien entra a buscar compañía sin sentar la mirada en nadie en particular. De piel rojiza de tonos tostados y perfilado de ojos para la ocasión, hombros al descubierto y caderas redondas se detiene recostada sobre la barra vieja y carcomida, donde pesa el polvo que ella misma arrastra por su cuerpo sin advertirlo.

Aunque el lugar anda desolado percibe el calor de un cuerpo de respiración tranquila, de ojos cerrados y recostado de espaldas sobre un sillón. Desde esta posición no puede diferenciar su rostro, algo le indica que puede ser él quien satisfaga su deseo.

Fija su mirada desde lejos mantenida durante largos segundos, al menos cien, para llevar su cuerpo ondulado hacia él y detenerse a medio camino, alzándose para poder observarle mejor... su próximo compañero, recostado, dormido, ausente, no hay palabra que medie la relación.

El calor cada vez es más intenso, ya no puede desistir de la idea de tocar su cuerpo caliente y vivo, la temperatura cada vez más cercana aparta el resto de sus sentidos de la conciencia, hace horas que ansía acercarse a alguien como él, de pelo suave, cuerpo terso, músculo ágil, desnudo, sabroso, caliente... caliente.

No existe otra vía de satisfacción más plena, anticipar el sabor salado del sudor de su espalda, humedecida por su propio calor, espalda retorcida con fuerza. Deseo vehemente de rodearle cuerpo a cuerpo, apretados dos en uno... solo quedará la fusión ardiente del momento salpicada de roja satisfacción.

Avanza dos metros muy lentamente, su amante está ausente, a penas resta un segundo y la fuerza del impulso sobrepasa su visión turbia. El movimiento de su cuerpo conquista el sillón de forma irrevocable, tensa su cuerpo junto al de su amante en un momento conteniendo la explosión, reteniendo el impulso recto y atacante de su boca y colmillo fríos hacia el cuello peludo y caliente de la rata.

Ella, la de los objetos servibles

Ella camina solitaria, cada mañana, cada día, tras día, rodeada de recuerdos que no son suyos y de objetos aparentemente inservibles, de los que unos piensan que no sirven y otros cuestionan para qué servirán.
Empujando el carrito por los barrios que Ella piensa son de la clase alta, y los de la clase tal piensan que no lo es, si no que hay otra más alta aún... el caso es que en los contenedores de basura de estos hay objetos que no son basura, que sirven para algo, aunque en principio no sabemos para qué; de modo que cada mañana, cada día, tras día, recorre los barrios empujando su carrito, ese robado del supermercado, de los que se atrancan un poco si el suelo no es liso.
Los objetos que recoje pueden ser transformados en otros tales, cambiándole sencillamente la forma y la propia funcionalidad, de hecho, los mismos aquellos de la clase alta que no es tan alta, acaban por comprarlos de nuevo en su tienda, la de Ella, esos mismos objetos que ya tiraron una vez y que aparentemente eran inservibles; los encuentran en esa tienda que lleva el toque de vanguardia que les gusta a ellos, terminando esos objetos por volver a decorar sus mismos salones, cocinas y cuartos de baño; de modo que sin quererlo vuelven a absorber la esencia del anterior dueño del objeto y así sucesivamente hasta terminar con el círculo... hasta que la destrucción del material inicial es irreductible, entonces, piensa ella, se convierte en basura, de la propia que hay que tirar a los contenedores de basura.
Es Ella, quien se conoce así misma como observadora de la energía de los objetos, Ella los mira profundamente cuando los va sacando de los contenedores, intentando abstraer la historia propia del objeto y la historia propia de las manos que lo tuvieron.
Las historias llenan su vida, vacía desde hace tanto que no recuerda, su memoria va muriendo de forma lenta de atrás hacia adelante, intentando compensar el vacío amnésico con las historias de ellos, de los dueños de los objetos que saca de los contenedores, y que después transforma en otros objetos, sencillamente, con otra funcionalidad, para venderlos en su tienda de vanguardia, esa que le gusta a los de la clase alta que no es tan alta.
Su ropa incluso, la de Ella, era antes de otros, sólo tiene que cogerla, mirarla profundamente entre sus manos, y enseguida logra dilucidar la historia de la prenda y de las manos que la vistieron, de modo que así logra contruirse un pasado suyo propio, como si fuera suyo.
Así su carrito es su vida, Ella transmisora de energías, sus manos transformadoras de objetos, su memoria desarticulada constructora de pasadopresente, todo ello gracias a las vidas de otros, que sin conocerles, acaba conociendo, tiene amigos, primos, parejas de uno y de otro sexo, profesores, médicos, tiene animales, recuerdos de viajes, revistas en las que Ella misma escribía, tiene emociones, centenares, puede tener tanta vida como alguien cualquiera que viva y tenga un pasado, como cualquiera que tomara objetos y los tirara a los contenedores.

Mi yo condicional

Y si mi madre no me hubiera arrastrado por la calle...
Y si mi profesor me hubiera mirado más de cerca...
Y si el educador me hubiera arropado...
Y si la junta me hubiera protegido como si fuera hijo suyo...
Quizá hoy no vería monstruos negros en el techo...
Quizá hoy no miraría miradas que me miran...
Quizá hoy no tendría terror de mí mismo...
Quizá ella también veía monstruos en su techo...
Quizá él era ciego...
Quizá él no sabía...
Quizá ello no tenía fondos...
Mi yo no me diría huele a sangre, huele a sangre...
Mi yo no estaría ahogado en medicina...
Quizá habría un yo...

El asesinato de mis padres

Te escucho llegar, pasé la noche traspuesta en el sillón.
Creíamos ser invencibles al tiempo y al desánimo.
Pasaron los días largos, cada vez más largos.
Mi piel se entristece, se seca porque ya ni llora.
La tuya se oscurece, se disecó tu expresión, la olvidé.
Ya no somos, no te conozco.
No siento tus pasos, antes conocía tu olor.
Fugaz se ha vuelto, lo que nunca imaginamos.
No me reconozco pensando en ti, en quien?.
No se si eres tú quien camina por nuestra casa, eres?.
No hay latido, no hay nada, has muerto y no te he visto.
Me besas en una mejilla dormida, hueles a hiel.
Me miras desde lejos, amargura.
Me clavas y matas para librarte de mí, pero ya estoy muerta.

Vete de aquí


No te creo, fuera de aquí, aléjate, vete a buscar otro digno de ser tuyo, dispuesto a pasar por el aro de tanta mendacidad pestulienta, capaz de hacerse creer que todo es bello a tu alrededor, sin ella estarías en pena envuelto.
Vete de aquí, que no te quiero ver, no quiero comprar tus dvds, métetelos por donde te quepan, ponte tú en original que ya me quedo yo en pirata.
Vergüenza habría de darte... mierda, pasear por las tiendas con sonrisa abierta, a ver si te roban unos cacos y se lo gastan en cocas, al menos evaden tu realidad, mundo de mierda, vete de aquí.
No quiero ver, que me quedo ciego y aún quiero esperanzado seguir mirando hacia otro lado.
A ver qué más eres capaz de ofrecer de tus sucias manos color morado, no te acerques que te mato, tus billetes para tí, tu sellobello de autenticidad, trágalos a ver si eres capaz, y explotas en crisis gordinflón.
Vete ya que aún tengo sueños y quiero descansar, me iré con los cacos esta noche al otro lado de mí, infectado por tí, sí, pero quedarás en un lateral.
Vete ya, que rajo un trozo de mí con tu propia cuchilla y será el final, de color vivo, pero tu final.

El buscador de sensaciones

Soy un chico solitario dado a no implicarse en nada, estoy metido en todo pero no profundizo en ninguna cosa, a veces me siento vacío por ello. Voy caminando en un día nuboso con esa lluvia fina que no molesta pero que de todas formas te pone chorreando. Vengo de leer un rato en una parada de autobús esperando a que suavizara la tormenta, creo que a los conductores no les ha debido gustar mucho eso de parar y que no me suba, sólo utilizaba el incómodo asiento público para descansar mi culo; por cierto, el libro ni me gusta ni nada pero porque no lo entiendo, lo hago porque me obliga un profesor, es uno de Salinas de no se qué del tú trascendental.
Mi novia me ha dejado pero realmente no me importa, yo no la quería más que para asuntos de cama, ella pensaba lo mismo, no nos vinculamos, nos utilizamos, y habiendo estado eso pactado pues no hay movidas, mis amigos del instituto lo entienden, claro, las suyas no, claro.
Me gusta experimentar sensaciones nuevas, siempre ando buscando estimulación, cual sea, por cualquier sentido; llevo unos días curioseando sobre qué sentirán las parejas cuando sienten, creo que por lo del libro que me estoy leyendo, así que intenté buscar esa experiencia con mi novia, hacer lo que veo en las parejas, que se miran a los ojos y se les raja la cara en una sonrisa, que se tocan cada comisura de sus pieles de forma absorbente, le mandé mensajes de buenas noches, la invité a salir con mis amigos y ayer se me ocurrió regalarle una flor, por probar, aunque creo que eso no tiene mucho que ver pero bueno, como vi que uno lo hacía pues lo hice. Resultó que me la tiró a la cara diciendo que ya estaba harta de mis nuevas tonterías y sin más se ha largado.
Yo sólo quería experimentar la sensación que leo en el libro, a ver qué pasa cuando amas, la verdad es que no es la novia más apropiada para probarlo, puesto que esta siente menos que el alma de una piedra.
Bueno, pues lo que sí experimenté fue el sabor a pétalo en mi boca, yo siempre abierto a nuevas sensaciones, la de las espinas rasgándome la cara no me ha gustado mucho y el libro lo he dejado.

En el tanatorio hace frío

Van entrando y acumulándose en los asientos largos de madera, de uno en uno y de lado a lado, vienen con sus ropas de invierno, a todos le sale pelo de sus cabezas, hay pelos de muchos colores y de formas variadas, hay quien lleva unos adornos recogiéndoselos o quien los lleva tapados, algunos son secos y otros veo que grasientos.
Hay uno con túnica blanca que se sitúa en lo alto y mirando a los demás muy seriamente, lo que dice suena como una tabla de multiplicar seguido seguido, no hay ningún gesto en su cara, siempre guarda la misma expresión, parece que no piensa mucho lo que está diciendo. No me entero de lo que dice ese, sólo algunas veces escucho tramos sueltos de frases, parece que mi cabeza quiere atender a otras cosas, para pasar el tiempo vamos. Intento no repetir las frases cuando lo hacen todos, pero se me reza sólo en la cabeza de forma automática, aunque yo no quiero pensarlo no puedo evitarlo.
Es aburrido, por lo menos media hora o más o menos, no sé cuanto, no tengo noción del tiempo; están mirando todos hacia delante de pie, sentado, de pie, sentado, hay algunos que se lo saben y son los primeros en levantarse o sentarse y en decir las palabras oportunas, qué agilidad para llevar el ritmo de la cosa.
Hay muchos de esos con pelo de colores y abrigados y también algunos otros de imagen un tanto más turbia, como uno que lleva pijama y está sentado en los escalones que hay al lado del señor que habla, parece que le interesa mucho lo que dice, hay otro de los turbios que es muy elegante y está apoyado en la puerta limándose las uñas, a ese parece que no le va mucho el rollo, hay algunos sentados entre los abrigados y que parece que escuchan pero yo creo que no lo hacen, hay uno que está dando vueltas a la sala continuamente a un ritmo rápido y sin parar, parece que su pensamiento es repetitivo, algunos más bajitos andan jugando a pelotas, muñecos y cacharros, y después estoy yo, que estoy sentado, al lado de mi caja de madera, me he salido porque me queda un poco pequeña, al menos podrían haberme dejado los zapatos y prestarme un abrigo, como los que llevan esos, porque ahí adentro estoy un poco destemplado.

Con cierta sensación de irrealidad

Rebusco algo que echarme a la boca, hacen ya como unos trece o dieciocho días que no me muevo de mi casa, paseo por aquí adentro de un extremo a otro, es muy grande, al menos hago ejercicio, normalmente me muevo para buscar alimento. Empecé a tomar té sólo porque se terminó el café, apuré el congelador hasta aquellos guisantes que formaban parte ya del cajón, los pucheros se agotaron, empecé a exprimir mandarinas para mi zumo de las mañanas, la pasta hace ya tiempo que no la saboreo, esa fue siempre mi última carta, pero pasta sola no da mucho gusto.
Me digné a fregar a mitad de este periodo, cuando me di cuenta que empezaba a beber la sopa de los tazones porque ya los cubiertos se agotaron.
Me absorbí la nouvelle vague y videoclips desde los 60 a los 90 descubriendo personajes insólitos. He dado vueltas a las mil y una noches, digo a las mil y una fotografías, aquel libro lo tengo a propósito bajo el proyector, pero han sido otros los agraciados, en estos días he sacado algunos personajes de ellos, les llamé y han venido a verme, algunos otros han dejado que yo les de forma con mis manos y les ponga su nombre con las teclas de mi ordenador. Internet es mi amigo, más que mis propios amigos, nadie vino a visitarme, creo que dije que no quería visitas pero ya no me acuerdo.
Noto cierta sensación de irrealidad, los personajes me acompañan y tienen hambre pero en mi cocina no hay nada ya se lo explico, pero no es suficiente quieren cenar, hay alguna aburrida manzana que yo no pienso comer porque me aburre, y mucho menos un polvorón, ese sí que aburre.
Se acabó el vino, la cerveza, la leche, incluso el zumo de frutas ese que nunca abro y que me canso de ver en el frigo, al final le di uso, se lo tomaron Arturo Belano y Ulises Lima, a mí no me gustó ese líquido anaranjado.
Confundo el sonido del teléfono con el de una ambulancia que pasa por la calle, así que no lo cojo, empiezo a tener sensación de irrealidad.
No tengo antena de televisión, para qué la quiero, ni la de la radio, para qué la quiero, no tengo microondas, para qué lo quiero, no uso las escaleras para qué las quiero, si ya ni siquiera se cómo se bajan, ni para qué, a veces tengo sensación de irrealidad.
Todo empezó creo con un resfriado y que se complicó pero no me acuerdo muy bien cómo he llegado hasta aquí, creo que tengo sensación de irrealidad.
Me duele la espalda, me ahogo entre tanto cable, a veces cuando salgo de la cama me lío en ellos y tropiezo, una vez casi me caigo.
Uno de éstos me está diciendo que me voy a convertir en un monstruoescarabajo, que debería salir a la calle para airearme un poco no se, pero... por dónde? Atravesando por las teclas del piano quizá?

La camionera, nuestra chica

No lo era por vocación, más bien por evasión diría yo, pasaba los días recorriendo kilómetros sentada en su camión, todo lo que necesitaba lo tenía a mano, sus cds, sus revistas y libros, la emisora por la que nos hablaba tantas veces y su grabadora, con la que mantenía largas conversaciones en líneas rectas de carreteras, de extremo a extremo del país. Todo estaba bien desordenado en su camión pero todo siempre a mano, a penas cabía nadie más allí en aquel habitáculo, las veces que había montado a algún autoestopista había de retirar media vida de los asientos.
Transportaba toneladas de frutas que nunca llegaba a comer, jamás robó ni una, pero no por principios, si no porque no le gustaba lo sano, le gustaba la comida basura, hamburguesas o filetes bien grasientos con patatas, aunque desde luego que su cuerpo no lo representaba, era bastante delgada de músculos marcados y bastante bonita, lo que le ocasionó algunos problemas en la carretera; quien alguna vez se sobrepasó se arrepintió bien de haberlo hecho, sus compañeros estábamos siempre dispuestos a defenderla, alguna vez tuvimos que meternos en pelea.
No se planteaba alguna otra profesión, sólo se dejaba llevar por lo que fuese apeteciendo, le gustaba cambiar de ambientes, nunca se preocupó por acostumbrarse a un sitio concreto. Le resbalaban los estereotipos, no cumplía con las normas y hacía lo que le venía en gana, le gustaba moverse, conocer gentes fortuitas, echar unas charlas y unas cervezas con conocidos y desconocidos, disfrutar de los momentos y largarse a otro lugar en su camión.
De alguna forma yo creo que la razón por la que no se asentaba en ningún sitio no era por su espíritu libre e inquieto, sino por alguna otra razón que nunca nos contó, o quizá ni ella misma lo supiese, a mí me daba la sensación como si estuviese todo el tiempo buscando no se el qué.
La veíamos a menudo escribiendo, acompañada normalmente de una copa de buen vino eso sí, la nevera del camión siempre la tenía a punto, a veces escribía dentro de la cabina, o en su silla plegable en algún área de descanso, decía que escribía sobre sí sobre él sobre lo, quien sabe qué significa, podía reunir cientos de papeles consumidos en historias de personajes inventados, prosas poéticas, odas al amor o al dolor o experiencias cotidianas de personajes con los que se cruzaba.
Era una persona solitaria, conducía tramos interminables y descansaba cuando le apetecía detenerse en una lectura, le apasionaban los viajes y leer revistas de astrología y civilizaciones antiguas. Sus jefes optaron por dejar que trabajase a su ritmo, era indomable en horarios pero su encanto hacía imposible un despido.
Nunca habló sobre su familia, si la tenía no llegamos a conocer nada sobre ella, ni padres, ni hijos, ni pareja, ni amantes ni nada, aunque algún escarceo sí que le vimos de algún polvo en los aseos de un bar de carretera, no hablaba nunca sobre sí misma.
Era una tía bien extraña pero era nuestra chica y con ella hasta la muerte, pero ninguno de nosotros logró acercarse a su corazón y quien lo intentó salió mal parado, era de corazón intocable, nunca supimos porqué.
Visitaba a gentes cuando tenía ocasión de pasar por sus ciudades, pero tampoco hablaba de ellos; a la vez que solitaria era muy sociable, a menudo se rodeada de personas dispuestas a una charla interesante, sabía un montón de cosas, era sorprendente al menos para mí, pero eso sí, hablaba cuando ella quería, si quería soledad se escurría a su camión y no había quien le viera el pelo.
A cada uno nos hizo llegar algo de su propiedad, una parte de sí misma, un poema, un recuerdo, un objeto, una prenda de vestir... hoy no sabemos nada sobre su paradero, nadie ha vuelto a verla. Vendió su camión, regaló todas sus pertenencias y dejó su casa bien arreglada y abierta como siempre, para los que la utilizábamos, y sin más desapareció a su modo, sin dejar una nota y sin mirar atrás. Nos quería, lo sabemos, pero nunca se pronunció.

Pisoteadas

Pasaron muchos bisiestos depositando confianzas que se pudrieron, perdiendo oxígeno poco a poco, la costurera que va cortando y cortando de su bobina y gastando a tramos.
Me desgarraron aquellos de impías conciencias, se marcharon sin mirar atrás, codeando en mi cara pasaron de largo, dejaron retorcido mi pescuezo, pisoteadas sin importancia, clavados alfileres en las uñas y ni siquiera me han tocado de cerca, mi cuerpo está novísimo. Sería suficiente una mirada o una palabra para lograr retirarme del juego, profundo hueco que dejaron, como el que deja la cuchilla en el ojo pero trazando todo mi perfil, desde muy cerca paulatinamente, visto en primer plano. Jamás sensación parecida se acercó a mi pensamiento, hasta que la frecuentó mi corazón, nunca consideré la existencia de tal punto de dolor humano, a modo de exterminio, atroz como la bomba o los tiros de aquella playa, un nene de barriga gorda o un caza con misil, extremos olvidados por las conciencias porque no pueden estar presentes y vivir a la vez.
Un sablazo en la cara o mil necesité para darme cuenta de la realidad, ciega yo, ahora no puedo por menos que dejar que la parálisis me contenga, a penas si puedo hilar sucesos para lograr entender y manejar una explicación de lo ocurrido una y mil, de hecho ya ni recuerdo la razón por la que dolía mi alma, ni siquiera sé cuando comenzó, si hace un bisiesto o tres, se olvidó, hirió tanto que desmontó mi identidad, ahora ni siquiera sé quien soy ni que pasó ni a quien conocí, una severa lógica disociativa.

Charlando con Amor


Se abre la puerta para que anónimos ó nónimos suelten unas letras dentro de esta habitación charlando sobre el amor

Lo primero que veía al despertar era su tienda de campaña

Finalmente me decidí por abrir el paquete de fortuna que encontré tirado en la calle la otra noche. Se ha pasado unos días sobre mi mesa en la misma posición hasta que esta mañana lo abrí por impulso, la forma en la que suelo hacer las cosas... así que lo abrí como se abren los paquetes de tabaco, tirando del hilito y dispuesta a leer el mensaje que traía dentro: "Guárdamelo, que en un ratito llego...".
Me fumaba el primero apoyada sobre el balcón de mi quinto piso, con la vista en dirección a la tienda de campaña que lleva varios meses plantada en la colina de en frente de mi casa. Hoy le veo allí recostado tocando la guitarra al lado de su tienda, me estremezco de miedo y de placer. Normalmente nunca nos saludamos desde esta posición, sólo cuando menos lo espero y lanzo mi mirada al horizonte me cruzo con la suya pequeña, allí a lo lejos. Al principio me resultaba morboso, pero últimamente se ha convertido en un temor, a veces me lo encuentro por la calle cuando voy al trabajo y no nos miramos, sólo lo hacemos a esta distancia.
Estoy pies en lo alto de la mesa fumándome otro fortuna, tras mi meriendacena de pizzas malísimas del super de abajo cuando suena el telefonillo, me asomo al balcón y puedo diferenciar a mi vecino el de la tienda de campaña, me estremezco a la vez que me entusiasmo, siempre con mi permanente contradicción entre el deseo y el rechazo. Tal cual y en zapatillas decido bajar sin arreglarme, aunque me muevo un poco el pelo frente al espejo. En silencio le abro la puerta de abajo con dificultad, normalmente se queda un poco atrancada, y allí está, plantado con unos ojos que no puedo ahora recordar el color pero sí su expresión que es verdaderamente oscura, es moreno y muy delgado, de pelo entrelargo y barba de unos diez días. Dice que quiere darme los buenos días cuando me ve asomada al balcón fumando mi primer cigarrillo de cada mañana, pero que ha querido respetar mi espacio y mi tiempo y esperar a que yo adopte mi posición, de modo que aquí estoy me dice, me has llamado.
Así se presentó el primer día, llamó a mi puerta para pedirme por favor un poquito de maría, de eso que tienes plantado en tu azotea y que puedo ver desde mi tienda. Me resultó graciosa la entrada de modo que se lo di y se marchó. La semana siguiente volvió a hacerlo, y como no sé decir que no, pues también se lo di. Así fue sucediendo frecuentemente, hasta que un día le invité a subir a mi casa y desde entonces ya no volvió a salir. Hemos estado juntos tres o cuatro meses a escondidas de todo el mundo, complementa mi lado más animal, terrenal, carnal, básico...
Un día un alguien nos robó las plantas de mi azotea y fue buen momento para recapacitar sobre la situación, así que muy en contra de mis deseos le pedí que se marchara.
De alguna forma llegué a darme cuenta de que para lo que yo estaba realmente preparada era para una relación convencional, de paseos los domingos por la tarde para ir al cine, almuerzos en pareja con mi familia, llamaditas de teléfono desde el trabajo de cariño cuanto te quiero y cosas así, y con él era todo distinto, era pulsión, prohibición, era placer sin censura, era una química excitante hasta el punto de desbordarme y sacarme de mi propia realidad, empezaba a olvidar que me fascinaba mi trabajo, que me gustaba el deporte, que tenía amigas con las que tomaba café los viernes, pero es que cada segundo con él era emoción pura para cada sentido, convirtiéndose en un mecanismo obsesivo que me llevó a generar tal enfrentamiento de emociones contrapuestas que me descolocaban y me hacían sentir absolutamente perdida en brazos de no se quién.
De modo que en ese momento saco el resto de maría que aún conservaba, esa misma que yo cultivaba, que vendíamos a sus clientes en mi casa y que después nos robaron, se la entregué sin más palabra, junto con su paquete de fortuna y me marché, subiendo los escalones de dos en dos con la mirada puesta en el vacío, aún sintiendo el estremecimiento que me produce tan solo imaginar sus manos.