Aunque el lugar anda desolado percibe el calor de un cuerpo de respiración tranquila, de ojos cerrados y recostado de espaldas sobre un sillón. Desde esta posición no puede diferenciar su rostro, algo le indica que puede ser él quien satisfaga su deseo.
Fija su mirada desde lejos mantenida durante largos segundos, al menos cien, para llevar su cuerpo ondulado hacia él y detenerse a medio camino, alzándose para poder observarle mejor... su próximo compañero, recostado, dormido, ausente, no hay palabra que medie la relación.
El calor cada vez es más intenso, ya no puede desistir de la idea de tocar su cuerpo caliente y vivo, la temperatura cada vez más cercana aparta el resto de sus sentidos de la conciencia, hace horas que ansía acercarse a alguien como él, de pelo suave, cuerpo terso, músculo ágil, desnudo, sabroso, caliente... caliente.
No existe otra vía de satisfacción más plena, anticipar el sabor salado del sudor de su espalda, humedecida por su propio calor, espalda retorcida con fuerza. Deseo vehemente de rodearle cuerpo a cuerpo, apretados dos en uno... solo quedará la fusión ardiente del momento salpicada de roja satisfacción.
Avanza dos metros muy lentamente, su amante está ausente, a penas resta un segundo y la fuerza del impulso sobrepasa su visión turbia. El movimiento de su cuerpo conquista el sillón de forma irrevocable, tensa su cuerpo junto al de su amante en un momento conteniendo la explosión, reteniendo el impulso recto y atacante de su boca y colmillo fríos hacia el cuello peludo y caliente de la rata.
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