
No lo era por vocación, más bien por evasión diría yo, pasaba los días recorriendo kilómetros sentada en su camión, todo lo que necesitaba lo tenía a mano, sus
cds, sus revistas y libros, la emisora por la que nos hablaba tantas veces y su grabadora, con la que mantenía largas conversaciones en líneas rectas de carreteras, de extremo a extremo del país. Todo estaba bien desordenado en su camión pero todo siempre a mano, a penas cabía nadie más allí en aquel habitáculo, las veces que había montado a algún
autoestopista había de retirar media vida de los asientos.
Transportaba toneladas de frutas que nunca llegaba a comer, jamás robó ni una, pero no por principios, si no porque no le gustaba lo sano, le gustaba la comida basura, hamburguesas o filetes bien grasientos con patatas, aunque desde luego que su cuerpo no lo representaba, era bastante delgada de músculos marcados y bastante bonita, lo que le ocasionó algunos problemas en la carretera; quien alguna vez se sobrepasó se arrepintió bien de haberlo hecho, sus compañeros estábamos siempre dispuestos a defenderla, alguna vez tuvimos que meternos en pelea.
No se planteaba alguna otra profesión, sólo se dejaba llevar por lo que fuese apeteciendo, le gustaba cambiar de ambientes, nunca se preocupó por acostumbrarse a un sitio concreto. Le resbalaban los
estereotipos, no cumplía con las normas y hacía lo que le venía en gana, le gustaba moverse, conocer gentes fortuitas, echar unas charlas y unas cervezas con conocidos y desconocidos, disfrutar de los momentos y largarse a otro lugar en su camión.
De alguna forma yo creo que la razón por la que no se asentaba en ningún sitio no era por su espíritu libre e inquieto, sino por alguna otra razón que nunca nos contó, o quizá ni ella misma lo supiese, a mí me daba la sensación como si estuviese todo el tiempo buscando no se el qué.
La veíamos a menudo escribiendo, acompañada normalmente de una copa de buen vino eso sí, la nevera del camión siempre la tenía a punto, a veces escribía dentro de la cabina, o en su silla plegable en algún área de descanso, decía que escribía sobre sí sobre él sobre lo, quien sabe qué significa, podía reunir cientos de papeles consumidos en historias de personajes inventados, prosas poéticas, odas al amor o al dolor o experiencias cotidianas de personajes con los que se cruzaba.
Era una persona solitaria, conducía tramos interminables y descansaba cuando le apetecía detenerse en una lectura, le apasionaban los viajes y leer revistas de astrología y civilizaciones antiguas. Sus jefes optaron por dejar que trabajase a su ritmo, era indomable en horarios pero su encanto hacía imposible un despido.
Nunca habló sobre su familia, si la tenía no llegamos a conocer nada sobre ella, ni padres, ni hijos, ni pareja, ni amantes ni nada, aunque algún escarceo sí que le vimos de algún polvo en los aseos de un bar de carretera, no hablaba nunca sobre sí misma.
Era una tía bien extraña pero era nuestra chica y con ella hasta la muerte, pero ninguno de nosotros logró acercarse a su corazón y quien lo intentó salió mal parado, era de corazón intocable, nunca supimos porqué.
Visitaba a gentes cuando tenía ocasión de pasar por sus ciudades, pero tampoco hablaba de ellos; a la vez que solitaria era muy sociable, a menudo se rodeada de personas dispuestas a una charla interesante, sabía un montón de cosas, era sorprendente al menos para mí, pero eso sí, hablaba cuando ella quería, si quería soledad se escurría a su camión y no había quien le viera el pelo.
A cada uno nos hizo llegar algo de su propiedad, una parte de sí misma, un poema, un recuerdo, un objeto, una prenda de vestir... hoy no sabemos nada sobre su paradero, nadie ha vuelto a verla. Vendió su camión, regaló todas sus pertenencias y dejó su casa bien arreglada y abierta como siempre, para los que la utilizábamos, y sin más desapareció a su modo, sin dejar una nota y sin mirar atrás. Nos quería, lo sabemos, pero nunca se pronunció.