Me desgarraron aquellos de impías conciencias, se marcharon sin mirar atrás, codeando en mi cara pasaron de largo, dejaron retorcido mi pescuezo, pisoteadas sin importancia, clavados alfileres en las uñas y ni siquiera me han tocado de cerca, mi cuerpo está novísimo. Sería suficiente una mirada o una palabra para lograr retirarme del juego, profundo hueco que dejaron, como el que deja la cuchilla en el ojo pero trazando todo mi perfil, desde muy cerca paulatinamente, visto en primer plano. Jamás sensación parecida se acercó a mi pensamiento, hasta que la frecuentó mi corazón, nunca consideré la existencia de tal punto de dolor humano, a modo de exterminio, atroz como la bomba o los tiros de aquella playa, un nene de barriga gorda o un caza con misil, extremos olvidados por las conciencias porque no pueden estar presentes y vivir a la vez.
Un sablazo en la cara o mil necesité para darme cuenta de la realidad, ciega yo, ahora no puedo por menos que dejar que la parálisis me contenga, a penas si puedo hilar sucesos para lograr entender y manejar una explicación de lo ocurrido una y mil, de hecho ya ni recuerdo la razón por la que dolía mi alma, ni siquiera sé cuando comenzó, si hace un bisiesto o tres, se olvidó, hirió tanto que desmontó mi identidad, ahora ni siquiera sé quien soy ni que pasó ni a quien conocí, una severa lógica disociativa.
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