En el tanatorio hace frío

Van entrando y acumulándose en los asientos largos de madera, de uno en uno y de lado a lado, vienen con sus ropas de invierno, a todos le sale pelo de sus cabezas, hay pelos de muchos colores y de formas variadas, hay quien lleva unos adornos recogiéndoselos o quien los lleva tapados, algunos son secos y otros veo que grasientos.
Hay uno con túnica blanca que se sitúa en lo alto y mirando a los demás muy seriamente, lo que dice suena como una tabla de multiplicar seguido seguido, no hay ningún gesto en su cara, siempre guarda la misma expresión, parece que no piensa mucho lo que está diciendo. No me entero de lo que dice ese, sólo algunas veces escucho tramos sueltos de frases, parece que mi cabeza quiere atender a otras cosas, para pasar el tiempo vamos. Intento no repetir las frases cuando lo hacen todos, pero se me reza sólo en la cabeza de forma automática, aunque yo no quiero pensarlo no puedo evitarlo.
Es aburrido, por lo menos media hora o más o menos, no sé cuanto, no tengo noción del tiempo; están mirando todos hacia delante de pie, sentado, de pie, sentado, hay algunos que se lo saben y son los primeros en levantarse o sentarse y en decir las palabras oportunas, qué agilidad para llevar el ritmo de la cosa.
Hay muchos de esos con pelo de colores y abrigados y también algunos otros de imagen un tanto más turbia, como uno que lleva pijama y está sentado en los escalones que hay al lado del señor que habla, parece que le interesa mucho lo que dice, hay otro de los turbios que es muy elegante y está apoyado en la puerta limándose las uñas, a ese parece que no le va mucho el rollo, hay algunos sentados entre los abrigados y que parece que escuchan pero yo creo que no lo hacen, hay uno que está dando vueltas a la sala continuamente a un ritmo rápido y sin parar, parece que su pensamiento es repetitivo, algunos más bajitos andan jugando a pelotas, muñecos y cacharros, y después estoy yo, que estoy sentado, al lado de mi caja de madera, me he salido porque me queda un poco pequeña, al menos podrían haberme dejado los zapatos y prestarme un abrigo, como los que llevan esos, porque ahí adentro estoy un poco destemplado.

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